lunes, 22 de abril de 2013


Entre la Psicología, el Derecho y la Mentira

Todos en algún momento de su vida han dicho una mentira, sea de las llamadas “piadosas” o una más fuerte, el caso es que ha ocurrido. Decir una pequeña mentira podría aplacar los ánimos, pero encubrir un complot de asesinato o retener información sobre terrorismo, todo siempre puede ser posible. Pero… ¿qué tan hábil se es para mentir o para descubrir una mentira?
Detectar a las personas sagaces puede resultar una tarea realmente compleja, por esto, es que se han creado métodos como el detector de mentiras, pero a su vez se consideran poco confiables, nunca se sabe que artimaña se manipuló.  Las mentiras suelen ser muy comunes hoy en día durante declaraciones, testimonios y diversas alternativas en procesos judiciales, factor de suma delicadeza en cuanto a la decisión del Juez donde le toca ejercer sus máximas de experiencia para la situación.
Por ese motivo, los psicólogos han ido catalogando las pistas del engaño, como expresiones faciales, lenguaje corporal y elección de palabras, para ayudar a detectar a las personas deshonestas. A partir de esta investigación, los psicólogos desarrollan nuevas herramientas de detección, tales como programas de computación para analizar las expresiones faciales y el estilo de escritura, para así ayudar a determinar el grado de veracidad de un hecho ocurrido.
A parte de esto, es fundamental capacitar a personas como policías, funcionarios Judiciales de cualquier nivel, expertos de los cuerpos encargados de imponer el cumplimiento de la ley, desde guardias de seguridad en aeropuertos hasta agentes antiterroristas, todos ameritan un adecuado conocimiento psicológico para detectar cuales son las expresiones de un “mentiroso”
Sin embargo, saber cuándo alguien está mintiendo no es una ciencia exacta. No obstante, algunos psicólogos dicen que las personas que mienten tienen las pupilas ligeramente dilatadas, un indicativo de tensión y concentración. Quienes hablan con mentirosos, dicen que éstos parecen más nerviosos que los que dicen la verdad, tal vez porque sus voces tienen un tono más alto.
También es más probable que los mentirosos presionen sus labios si se les compara con quienes dicen la verdad. Ahora bien, es resaltante manifestar que, a pesar de lo que muchos creen, los mentirosos no son más inquietos, ni parpadean más, ni se ven más tensos que aquellas personas que dicen la verdad. Sólo cuando tienen mucho que perder, como su cónyuge, dinero o su reputación, parecen excepcionalmente tranquilos y el contacto visual con quienes los escuchan es notablemente menor.
Esta es una extraña forma de relacionar el Derecho con la Psicología, pero se da precisamente gracias a la psicología jurídica, disciplina que sirve como puente y escala entre los planteamientos y quehaceres de la Psicología y de las Ciencias Jurídicas, ambas en apariencia, ciencias distantes y sin ningún elemento común, en donde pareciera existir el abismo o la distancia que media entre el cielo y la tierra.
La Psicología como ciencia estudia al ser, las variables que determinan el comportamiento humano. El Derecho, el conjunto de principios, preceptos y reglas a que están sometidas las relaciones humanas, aunque usted no lo crea estas importantes ciencias pueden saber cuando usted dice la verdad. Quizás a partir de ahora usted piense dos veces antes de mentir., podría ser descubierto.

Deborath Vieira M.

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